Viajes y escapadas desde mi punto de vista

Un día de verano por el Valle de Belsué

Ruta por los Acantilados de Cienfuens hasta el Dolmen. Baño en las pozas de Belsué

Ruta de los Acantilados de Cienfuens

En Zaragoza y en todo el Valle del Ebro hay días de verano difíciles de soportar por el calor. Hoy os propongo una alternativa a las continuas duchas frías y visitas a la nevera; a sólo una hora y media de Zaragoza, en el extremo occidental de la Sierra de Guara, hay unas pozas increíbles, eso sí, antes del baño, vamos a “rutear” un poco y seguro que así cogemos el agua aún con más ganas. ¡Ah! se me olvidaba, esta ruta es perfecta para hacer con niños.

Ruta por los Acantilados de Cienfuens hasta el Dolmen de Belsué.

Estamos en verano y, aunque las temperaturas no son las de las ciudades, en las horas centrales del día hace mucho calor, así que, si queremos completar todo el recorrido, no va a quedar más remedio que madrugar un poco, el recorrido total nos va a llevar unas 5 horas, ida y vuelta. Si lo hacemos así, al medio día podemos estar camino de las pozas para comer allí y pasar una tarde muy refrescante.

¿Cómo llegar? Desde Huesca por la A-23 dirección Sabiñánigo tomaremos la salida 381 en dirección Sierra de Guara – Arguis. Cogemos la salida hacia esta localidad para continuar por la antigua carretera N-330 hacia el túnel de la Manzanera. Justo antes de la boca de entrada al túnel nos desviamos hacia la derecha, hacia el Valle de Nocito. Rebasado el pueblo de Belsué, que dejamos en el alto, la carretera continúa viaje hacia el interior del Valle de Nocito. Pasaremos junto a la chopera de Belsué, aquí vendremos después para ir a las pozas. Unos 150 metros después de pasar el desvío a Lúsera, a la derecha de la carretera veremos un pequeño ensanche donde podemos dejar el vehículo. Verás que hay unos carteles informativos de la ruta así que no tiene pérdida.

Carteles al inicio de la ruta, junto a la zona donde aparcaremos el coche.

Tomaremos la dirección que indica Presa de Belsué, este es nuestro primer objetivo. El camino apenas tiene desnivel y enseguida estamos caminando junto al Pantano de Belsué, eso sí, el día que fuimos nosotros no tenía ni gota de agua.

Presa de Belsué

La presa de Santa María de Belsué se construyó en 1931, sin embargo, no llegó a cumplir con la finalidad para la que fue concebida debido a las importantes filtraciones que se producían debido al carácter calizo de la rocas sobre las que se asienta.  Con la finalidad de poder recoger estas filtraciones se construyó posteriormente aguas abajo la presa de Cienfuens.

En 20 minutos desde que empezamos estamos cruzando la Presa de Belsué. Tras atravesarla, podemos seguir el camino de la izquierda o el de la derecha, ambos conducen al Dolmen, a pesar de que las indicaciones de los carteles han sido arrancadas o se han estropeado. Comienza realmente en este punto el tramo circular de la excursión pudiendo elegir el sentido en el que deseamos realizarla.  Nosotros optamos por el de la izquierda, nos dirigimos al Dolmen a través del embalse de Cienfuens.

Cruzando la Presa de Belsué

Empieza el tramo más chulo de la ruta y en la que, con toda seguridad, los niños disfrutarán más. El sendero atraviesa varios túneles excavados en la propia roca, uno de ellos bastante largo hasta que, finalmente, alcanzamos la Presa de Cienfuens. Estos túneles fueron picados en la roca para pasar el material de construcción de este embalse. Sobre nuestras cabezas tenemos ya los impresionantes acantilados.

Aunque en el interior de los túneles hay luz suficiente y se ve perfectamente, si vas con niños, una idea estupenda puede ser traer una linterna para que ellos nos guíen y se sientan exploradores por un momento. Si, además, imagináis una historia seguro que el trayecto es mucho más motivador y divertido.

LLegando a la segunda presa, la Presa de Cienfuens
Presa y acantilados de Cienfuens

Hasta este punto habremos recorrido unos 4 km en aproximadamente 1 hora sin apenas desnivel. Si vais con niños muy pequeños o, por la razón que sea, no queréis hacer una ruta tan larga, este puede ser el punto donde darse la vuelta, tened en cuenta que si decidís seguir hasta el Dolmen os quedará 1 hora de ida y otra de vuelta.

Pocos metros más adelante veremos que el camino se estrecha y encontraremos una bifurcación. A pesar de que aquí también están borradas las indicaciones, queda el poste de madera que nos da la pista del camino correcto: debemos seguir por el camino de la derecha. En el recorrido vamos a ir encontrando unos brochazos de pintura amarilla que son la pista para no perdernos.

Sendero de ascenso al Dolmen de Belsué y marcas de pintura amarilla

El sendero va a ir ganando altura en suave pendiente durante unos 3 km hasta el Dolmen de Belsué. La senda avanza junto al valle que conforma el río Flumen, entre encinas y matorrales. Pronto descubrimos a lo lejos la inconfundible silueta del Salto de Roldán atravesado por el mismo río.

Sólo nos queda seguir hasta alcanzar el Dolmen de Belsué, megalito funerario del Neolítico.

Dolmen de Belsué

Nosotros decidimos volver por el mismo camino, pero recordad que la ruta es circular y podéis seguirla, os llevará del mismo modo a la Presa de Belsué.

Baño en las piscinas naturales de Belsué

Piscinas naturales de Belsué

Hemos terminado la ruta y, de vuelta al coche, estamos deseando refrescarnos y comer, ¡tranquilos!, las pozas están muy cerca. Cogemos el coche y volvemos por la carretera por la que hemos llegado esta mañana, en 2 minutos estamos en la chopera de Belsué, es una zona amplia de aparcamiento que reconocerás fácilmente porque seguro que ya hay coches.

Estas piscinas naturales las forma el río Flumen, un río de aguas limpias ya que está alejado de cualquier pueblo habitado. Las pozas están excavadas en la roca y la mayoría tienen poca profundidad lo cual, unido a que en verano el cauce es menos abundante, hace que el agua no esté muy fría para mi gusto, pero perfecta para niños o personas más frioleras. Esta excursión la he planteado en verano, por lo que el baño es inevitable, pero es una zona preciosa que podemos visitar y disfrutar, incluso más, en cualquier otra época del año. El paisaje esculpido por la acción del agua es sorprendente, el color del agua de un verde intenso, el ocre de la roca, las pozas de distinta profundidad y las pequeñas cascadas.

Por supuesto, no pienses que vas a estar solo, en verano son muy frecuentadas y cada vez más, por ello se hace necesario recordar que debemos acercarnos a ellas con respeto absoluto por el espacio natural. Al hilo de esto, acabo de leer un artículo en el blog de huescalamagia.es que os enlazo sobre cómo visitar sin dejar huella el Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara con nuestras obligaciones y consejos.

Las pozas de Belsué desde el camino a la Pardina de Ascaso

Camino a las piscinas naturales: se llega fácilmente, se puede ir remontando el río hasta encontrar algún sitio con sombra en las riberas o alguna piedra plana en la que aposentarse. Yo te voy a proponer llegar hasta las pozas más alejadas haciendo el camino entre Santa María de Belsué y la Pardina de Ascaso y hacer el regreso descendiendo por el río.

Es imprescindible venir con escarpines, sandalias o unas zapatillas que se puedan mojar, tanto para el baño como para llegar, así evitaremos resbalones y caídas.

Inicio del camino a las pozas

Desde el aparcamiento, sale una pista que cruza el río en dos ocasiones hasta llegar junto a las ruinas de Santa María de Belsué.

Camino a las pozas junto a la Iglesia de Santa María de Belsué

En este poblado hace ya mucho tiempo que no vive nadie, de hecho nunca tuvo muchos habitantes. Lo más destacado es su iglesia mozárabe, construida a mediados de del siglo XI. Hasta hace no muchos años corría el peligro de desaparecer por su deterioro, de hecho en el panel explicativo que hay junto al camino aparecen fotos de antes de su restauración. Es inevitable acercarse hasta ella, incluso subir a su torre, yo siempre lo hago al regresar, cuando la luz del atardecer la hace aún más especial.

El camino continúa por una senda estrecha que pasa junto a un campo de cultivo y pronto encontramos un puente para atravesar de nuevo el río. A sus pies, una pequeña fuente. En este punto se bifurca el camino; si coges el sendero de la derecha en muy pocos metros ya llegas a las pozas, es el camino más fácil y, desde luego, el que recomendamos si vas con niños pequeños, con carga o con personas más mayores que no puedan andar mucho. Nosotros cogemos el de la izquierda que comienza a ascender y que nos va mostrando desde lo alto una imagen maravillosa del río. Cuando menos te lo esperas aparece ante nosotros la figura enorme del caserón de la Pardina de Ascaso, una antigua casa de montaña que bebía del Flumen y que sigue mirando al río cada día.

Descenso a las pozas, la Pardina de Ascaso al fondo

Justo en ese punto, hay una senda que desciende vertiginósamente hasta el río, caminando por su cauce unos metros más llegaremos a la poza más espectacular de todas, con sus cascadas, y donde, si te atreves, puedes saltar.

Como os he comentado, os recomiendo hacer el regreso descendiendo por las pozas, es un camino muy entretenido, en el que te tendrás que mojar hasta la rodilla alguna vez, y que te ofrece una imagen espectacular de este bello paraje natural. Hay un momento en el que el salto del río te impedirá continuar por el cauce, allí mismo está la senda que en pocos metros te llevará a la fuente y al puente que os he mencionado al principio del recorrido.

Regreso por el cauce del Flumen

Qué ver cerca de aquí

Si vas en una época del año en la que no te puedes bañar, o simplemete eres más explorador que bañista, puedes completar el día subiendo al despoblado de Lúsera.

Lúsera

Imagen de Lúsera desde el valle

Desde la chopera, seguimos por la carretera que lleva a Nocito y pronto vemos el desvío al despoblado de Lúsera, el acceso es por una pista de 1 km en buen estado. En los últimos años ha recobrado algo de vida y se está recuperando alguna casa. Merece la pena subir y darse una vuelta por sus calles, si me lees habitualmente ya sabes que los despoblados es una de mis debilidades.

Despoblado de Lúsera

La localidad de Lúsera, situada a 1.035 m de altitud, es un claro ejemplo del fenómeno de despoblación que sufrieron todas las zonas de montaña de la provincia de Huesca, principalmente durante los años 60 y 70. Este proceso supuso una grave crisis para la economía tradicional de la montaña aragonesa, basada hasta entonces en la ganaderia ovina trashumante, la producción agrícola para autoconsumo y pequeñas actividades de transformación como el trabajo de la lana. A estas razones debe sumarse en algunos casos la acción de las instituciones, que buscando favorecer el desarrollo económico del conjunto del estado llevaron a cabo actuaciones que acabaron con el modo de vida tradicional de la montaña, por ejemplo con la construcción de pantanos en los principales valles y con las políticas de reforestación.

A principios del siglo XX Lúsera contaba con 7 casas habitadas y un total de 68 habitantes censados, mientras que en la actualidad la mayoría de esas casas se encuentran en estado de ruina, con excepción de alguna construcción que ha sido rehabilitada en los últimos años, como la iglesia.

La ubicación de los edificios junto al acantilado, en una situación dominante sobre el valle formado por el rio Flumen, recuerda el carácter defensivo que probablemente tendria en su origen este pueblo, que aparece documentado por primera vez en el s. XIII.

Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel, Lúsera

En el núcleo urbano encontramos varias construcciones interesantes de arquitectura tradicional pirenaica. Destaca sobre todo la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel de finales del siglo XVII, situada al borde mismo de un acantilado. En el interior del pueblo hay un par de pasos abovedados preciosos y un interesante pozo-fuente que fue usado ya en época musulmana, uno de los pocos que hay en la comarca.

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