De Peñarroyas al Barranco de la Cingla

Una ruta de tonalidad rojiza por el corazón de las Cuencas Mineras

El eslogan turístico de la Comarca de Cuencas Mineras es “El secreto mejor guardado” y no puedo imaginar una definición mejor para una zona espectacular y que, como reza la frase, no es tan conocida como se merece.

Hoy trataré de acercártela un poco más a través de una ruta circular de unos 8 km, con salida y llegada en Peñarroyas, en la que los colores van a cobrar un gran protagonismo, sobre todo si, como nosotros, la haces en primavera. Es el Sendero del Barranco de la Cingla, PR-TE 118, recogido entre los de Senderos Turísticos de Aragón.

Peñarroyas es una localidad perteneciente a Montalbán y localizada a 5,5 km del mismo. Para llegar hay que seguir los carteles que en el mismo Montalbán indican “Peñarroyas. Rutas senderista” y que ya desvelan el montón de posibilidades de rutas que tendremos una vez lleguemos, a cada cual más chula.

El propio topónimo de la localidad Peñas Royas, deriva de la intensa tonalidad rojiza de los abruptos peñascos rocosos rojizos que la rodean, conocidos como rodeno. De hecho, las casas de Peñarroyas están construidas con sillares de esta roca por lo que, de repente, te ves rodeado de ese intenso tono color rojo que no te deja indiferente y que, en momentos como el atardecer, aun se vuelve más fuerte.

Vista de Peñarroyas al inicio de la ruta senderista

Peñarroyas aún tiene una cosa más que me encanta: no se puede recorrer en coche. Los vehículos deben aparcarse antes de entrar, en un parking también habilitado como merendero. Todos los pueblos que he visitado en los que no circula ni un coche son especiales y Peñarroyas, sin duda, lo es. En la plaza están los edificios más destacados, el antiguo ayuntamiento, las antiguas escuelas (hoy pequeño museo) y la Iglesia de Santa María la Mayor. En la misma plaza verás también los carteles indicadores de ruta, junto a un árbol que en primavera es un auténtico espectáculo.

Torre de la Iglesia de Santa María la Mayor de Peñarroyas

La ruta no tiene pérdida, en un principio coincide con el GR 262 en dirección al Mirador del Portillo y Obón (marcas rojas y blancas). Ya en la parte alta del pueblo, al llegar a un gran peirón, encontramos los dos puntos de partida de la ruta circular, nosotros tomamos el ramal de la derecha. En algunos tramos discurre por una calzada empedrada que en el pasado conduciría a alguna de las ermitas de la zona. También verás algún cartel explicativo de un recorrido geológico que coincide en este tramo. Finalmente llegamos al Mirador del Portillo.

Calzada empedrada
Accediendo al Mirador del Portillo
Mirador del Portillo, Peñarroyas

Es aquí donde encontramos otra bifurcación: podríamos tomar el tramo del GR 262 dirección a Obón con dos alternativas diferentes o, como debemos hacer en nuestro caso, seguir las indicaciones hacia el Barranco de la Cingla, ascendiendo ladera arriba. Más adelante, pasaremos junto al desvío de los Palomares y es aquí donde nuestro sendero ya toma plenamente el nombre PR-TE 118 y aparecen las marcas amarillas y blancas.

Estos caminos discurren por las antiguas sendas que comunicaban Peñarroyas con los pueblos de La Hoz de la Vieja y Armillas, antiguas sendas utilizadas a diario por los vecinos del pueblo para hacer sus labores agrícolas y de pastoreo y que me hacen reflexionar sobre la dureza de esa vida. Me encanta esa sensación de caminar por senderos tradicionales que nos acercan a la memoria de los pueblos cercanos.

El paisaje ha cambiado, ahora predominan las negras pizarras y las areniscas grises. Pinos aislados, carrascas y quejigos. Mares amarillos de aliaga y los malvas del tomillo y romero en flor. Recomiendo hacer esta ruta en primavera para disfrutar de este espectáculo de colores y, en cualquier caso, no la recomiendo en verano ya que hay zonas extensas sin apenas sombra.

Alcanzamos el primero de los tres corrales que encontraremos a lo largo de la ruta, el Corral de la Umbría, y comprobamos que las cabras son ahora sus habitantes, camina con los ojos bien abiertos, te las vas a encontrar en más de una ocasión.

El corral de la Umbría

El hocino que da nombre a esta ruta, el Barranco de la Cingla, se empieza a divisar desde arriba. Comenzamos el descenso hasta el lecho rocoso del barranco y, durante un rato, de nuevo caminamos rodeados de peñascales de rodenos, los que ha tallado el barranco de la Cingla, junto al curso del agua, no muy abundante, por cierto. Es una zona preciosa, digna de un ataque de los indios a los vaqueros, al menos eso iba pensando yo.

Barranco de la Cingla
Barranco de la Cingla

Aunque es un poco larga, si haces la ruta con niños, puedes animarles a encontrar caras en las rocas, la curiosa erosión del rodeno crea formas increíbles y, entre ellas, yo vi bastantes personajes, espero que me cuentes si tú ves alguno.

Al final del hocino, una senda remonta la montaña para salir al camino, muy cerca del Corral del Pilón Royo que, en su interior, tiene una curiosa inscripción de 1934.

Saliendo del Barranco de la Cingla

Sólo nos queda seguir la senda por la ladera, bajo el escarpe de la cantera de rodeno que llega ya hasta el pueblo. Al final se pasa junto al Corral del Albergue y varias casas en ruinas hasta llegar al peirón que vimos al inicio. Es una senda muy cómoda que, conforme nos acerca al pueblo, nos ofrece de nuevo unas vistas impresionantes del mismo.

Paisajes de Peñarroyas, Cuencas Mineras
Vistas del pueblo de Peñarroyas al final del recorrido

Hemos llegado al final, pero volveremos a Peñarroyas muchas veces más, a su alrededor hay mil caminos, paisajes y sorpresas increíbles. Yo te he contado parte de ese secreto tan bien guardado que tiene las Cuencas Mineras, ahora sólo queda que tú vengas a comprobar si es cierto.

¿Qué ver cerca de Peñarroyas?

En la descripción de la ruta te he mencionado que estos caminos que hoy disfrutamos hace un tiempo fueron caminos de trabajo que unían localidades cercanas. Uno de los tramos llevaba de Peñarroyas a la localidad de Armillas. No encuentro mejor ocasión que esta para habla de las Salinas de Armillas y de su triste presente que las ve morir poco a poco.

Armillas es una localidad de las Cuencas Mineras que pertenece al municipio de Vivel, entre Martín del Río y la Hoz de la Vieja. Si vas a Peñarroyas desde Huesca o Zaragoza pasarás junto a su desvío, aunque en la actualidad indica que no se puede pasar por una razón que desconozco.

Vista de Armillas

Si quieres conocer algo más sobre su historia, puedes visitar la web municipal de Vivel del río Martín donde también se explica la de las salinas.

Llegar a las salinas no es del todo fácil ya que, por supuesto, no hay ningún tipo de señalización que nos dirija. Lo mejor es que, una vez en el pueblo, busques cómo llegar a ellas en Google Maps, sorprendentemente aparecen y, si estás atento a las indicaciones darás con ellas en unos 7 minutos en coche.

Vista general de las Salinas de Armillas

Su antigüedad se remonta a época romana y estuvieron en funcionamiento hasta 1966. En un artículo de Heraldo de Aragón de agosto de 2020 he leído que en 1982 las compró un señor afincado en el pueblo que trabajó en ellas cuando era chaval. Según cuenta, su ilusión sería verlas de nuevo activas, si no con uso industrial, sí como Centro de Interpretación.

No me extraña que, a sus 88 años siga con esa idea, hay que ser muy tonto para no apreciar el potencial que tienen y muy insensible para no sobrecogerse viendo el abandono actual, en especial el de la preciosa noria de madera sobre la que, cuando nosotros estuvimos, se había desplomado el tejado.

Espero de corazón que no sea demasiado tarde para conservarlas.

Piscinas de sal en las Salinas de Armillas
Noria de madera y detalles de los edificios en ruinas